Hacia un Chile más competitivo: Impulsando la economía digital

Por Marcos Vieyra Gerente Comercial para Citrix en Chile.

Durante años, Chile se ha caracterizado en el contexto internacional por ser un “early adopter” en términos de tecnología. Esto es, estar en la vanguardia en la incorporación de dispositivos que favorecen la conectividad y hacer un uso intensivo de nuevas herramientas y sistemas que faciliten nuestra vida cotidiana. Sin embargo, en una gran paradoja, ese entusiasmo que vemos en los consumidores aún no permea hacia un sector clave para el crecimiento de los países. Nos referimos a la Economía Digital o de la información.

De acuerdo a estimaciones de Fundación País Digital, sólo el 3,5% de nuestra economía es impulsada por las transacciones en esta área. Del total, un 58,7% lo representa las telecomunicaciones, un 27,6% la Tecnología de la Información, un 7,8% los contenidos y medios de información, y un 6,2% la industria de manufactura TIC. En términos globales, y tomando como referencia las métricas OCDE de cara a 2020, Chile aún está atrasado en 32 meses para llegar al 5,6% de Economía Digital, de acuerdo a una medición hecha en diciembre de 2016.

¿Qué nos dicen estas cifras? Por una parte, que debemos realizar un esfuerzo conjunto y articulado entre organismos públicos y privados para mejorar los indicadores y alcanzar la meta que tenemos de cara a la tercera década del siglo 21. También, encontrar los mecanismos para que las empresas logren abrazar por completo una transformación digital profunda y con impacto, no sólo en su gestión, sino que también en la forma en que realizan su labor, para elevar su posición de competitividad en mercados locales y extranjeros.

En este sentido, la digitalización y el uso de nuevas soluciones que apuntan a transformar los espacios de trabajo tradicionales son claves para adaptarse a las nuevas exigencias de los clientes, entregar a los empleados la posibilidad de trabajar desde cualquier lugar y a través de cualquier dispositivo y, por ende, mejorar los tiempos de respuesta, la eficiencia y la productividad de las empresas.

Cuando abrimos espacios para un mayor desarrollo de la Economía Digital en Chile, no sólo ayudamos a transformar la vida de las personas en su quehacer cotidiano o a las empresas a dar un paso más en el desafío de hacer más eficientes sus recursos. También fomentamos una cultura acorde con las demandas de los tiempos actuales y logramos impulsar un dinamismo, que repercute positivamente en la manera en que nuestro país enfrenta sus desafíos de desarrollo y crecimiento para los próximos años. De la misma manera, contribuimos con la generación de empleos y aportamos en la visión de una educación que incluya las TIC como una expectativa real de trabajo futuro.

En la medida en que las cifras aumenten y se consoliden, el PIB local aumentará gracias a la diversificación de todos estos factores que lo determinan. El llamado, entonces, es a seguir trabajando por una Economía Digital más robusta que movilice a Chile hacia un mejor lugar dentro del contexto internacional, pero por sobre todo, para que podamos recibir sus beneficios de forma real y permanente. Hoy la incorporación de nuevas tecnologías y la transformación digital, más que una tendencia, es una necesidad para las empresas que no sólo las impacta positivamente en su competitividad, sino que también considera múltiples beneficios para los trabajadores y el país en general.

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