Santiago, 09 de noviembre de 2018– El mundo está transitando una profunda disrupción digital que tiene a la inteligencia artificial (IA) como gran protagonista. Los casos de empresas chilenas que empiezan a incorporar esta tecnología ya sea para sus procesos productivos, logísticos o de atención al cliente, para un uso mayor intensivo de datos o para la integración de los sistemas de una empresa, van en aumento.
Pero ¿estamos avanzando tan rápido como podríamos? ¿Cuáles serían los beneficios en términos económicos para Chile de una absorción más acelerada de esta tecnología? ¿Qué desafíos se presentarían en un escenario de incorporación tecnológica más intensiva?
Éstas y otras preguntas son las que aborda el estudio “Inteligencia Artificial y Crecimiento Económico: Oportunidades y Desafíos para Chile”, elaborado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para el Crecimiento y la Equidad (CIPPEC), a pedido de Microsoft Latinoamérica. La investigación indagó en las 6 economías más importantes de la región para realizar proyecciones de crecimiento. El capítulo chileno del informe, que fue presentado en el marco del evento de Microsoft sobre Inteligencia Artificial “AI + Tour”, concluye que si Chile adoptara y difundiera la IA de manera más intensiva de lo que adoptó las TIC en los 90, podría acelerar el crecimiento más de un punto porcentual, ubicándose en 6% del PIB.
El ejercicio incluye también escenarios menos optimistas para el país: un escenario “negativo”, que refleja un deterioro respecto de la adopción histórica de tecnología que llevaría a Chile a una desaceleración del crecimiento (2.7%). Y un escenario “neutral” o de “statu-quo” que asume que la economía chilena mantiene el mismo ritmo de adopción tecnológica que tuvo en los 90s; en este caso, su proyección de crecimiento se mantiene en el 5.1%.
Aprendiendo de la historia
La experiencia de las revoluciones industriales previas sugiere que aquellas firmas y países que más rápido adoptan las nuevas tecnologías son quienes obtienen más oportunidades para crecimiento. Esta es la tesis sobre la que se basa el informe de CIPPEC.
“La primera revolución industrial, que introdujo la máquina a vapor, fue liderada por el Reino Unido, que logró crecer en durante casi 5 décadas el doble que el resto de Europa”, explicó Ramiro Albrieu, investigador responsable del estudio, durante su intervención. “La segunda revolución industrial tuvo su epicentro en Estados Unidos, con la introducción de la electricidad que rápidamente se difundió por todos los sectores productivos de esa economía, llevando a un crecimiento nuevamente de más del doble de Europa. Y en la tercera revolución industrial se produjo el “milagro asiático”, empujado por una rápida absorción de las tecnologías de la información (TIC) y triplicando las tasas de crecimiento de América Latina”.
Sin embargo, Albrieu sostiene que en el caso de la Cuarta Revolución industrial aún no está todo dicho: “se abre una oportunidad de crecimiento para muchos países en desarrollo, incluyendo Chile”. Y destaca la demografía como una de las ventajas del país: casi la mitad de su población son nativos digitales, facilitando la readaptación de habilidades que será necesaria para preparar a los trabajadores para una nueva economía.
Los cambios no son automáticos. El estudio sostiene que para llevar a Chile a un nuevo nivel de incorporación tecnológica se requiere una “política industrial 4.0” y un esfuerzo importante de readaptación de las habilidades de los trabajadores, a medida que estos sean desplazados a nuevas tareas, de mayor calidad y productividad. Este es uno de los puntos más importantes para toda la región.
Finalmente, se requiere a empresas que desafíen el statu quo para poder aprovechar la innovación que trae la IA, con su potencial para la apertura de nuevos sectores tecnológicos. “Las revoluciones industriales siempre se dieron en las empresas”, recuerda Albrieu.
