Por Sandra Guazzotti, gerente general de Oracle Chile
Vivimos en una época donde la innovación y la tecnología brindan oportunidades sin precedentes, sin embargo en este escenario estamos en riesgo de que la brecha de género siga creciendo. De hecho, la tendencia indica que las mujeres están sub-representadas en el campo de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM por sus siglas en inglés). A modo de ejemplo, solo 5% de las mujeres en Chile hoy trabajan en tecnología, según cifras del Ministerio de la Mujer.
Los expertos coinciden en que esta brecha comienza a muy temprana edad y responde a un fenómeno cultural en el que, al contrario de los hombres, las niñas no son incentivadas a perseguir carreras STEM. Por ejemplo, el 2018, 1 de cada 4 matrículas en la educación superior en estas áreas correspondía a mujeres.
En el ámbito laboral, hay estudios irrefutables que hablan de los beneficios de las políticas de diversidad de género en la economía y es sabido que ésta expande los enfoques incrementando la creatividad, un atributo fundamental para la innovación.
Sin embargo, a pesar de las numerosas pruebas y el hecho de que ha habido un progreso significativo en este tema, aún no se logra el equilibrio. De hecho, los economistas estiman que estamos a 217 años de la plena igualdad de género. Entonces, ¿cómo aceleramos la velocidad a la que necesitamos avanzar? En mi opinión, necesitamos cambiar la narrativa en tres aspectos claves.
Primero, hemos hecho de la equidad de género un problema de la mujer, aunque es un problema que afecta a todos. No podemos lograr la equidad de género sin el apoyo de los hombres que son parte afectada del problema. A modo de ejemplo, cada vez son más los hombres que quieren tener derecho a un posnatal o dedicarse a ser padres de tiempo completo, pero el mundo todavía no es muy acogedor ni respetuoso con los hombres que se dedican al cuidado del hogar. Tenemos que intensificar y crear una nueva narrativa sobre la igualdad de género que incluya a hombres y mujeres, y que mejore los resultados para todos.
Segundo, las mujeres enfrentamos enormes barreras institucionales y aún sufrimos de estereotipos que ya no deberían existir. Acá nos encontramos con el desafío cultural que mencionaba anteriormente. Es común que sobreestimemos las habilidades de nuestros hijos y subestimemos a nuestras hijas, por eso, necesitamos romper las limitaciones impuestas por los estereotipos y realmente alentar a las niñas y mujeres a ser líderes y perseguir carreras en cualquier campo.
Tercero, no solo debemos abordar el tema de la diversidad de género, tan importante como ello es promover la inclusión. Ésta se logra cuando las personas sienten que los demás valoran su ser único y auténtico, al mismo tiempo que tienen un sentido de pertenencia a un grupo. En su punto más alto, la inclusión se expresa como sentirse «seguro» para hablar sin temor a la vergüenza o la represalia.
La invitación es a cambiar dramáticamente nuestra narrativa a una en la que hombres y mujeres nos convirtamos en agentes de cambio, validemos las habilidades de las niñas a temprana edad, empoderándolas y reforzando su autoestima y confianza. Promoviendo la inclusión, no solo la diversidad. Solo de esa forma podemos contribuir a que la tan anhelada igualdad no tarde 217 años.


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