• Por Haileen Piedras, Marketing Coordinator de Midea Carrier Chile

El Día Interamericano de la Calidad del Aire -DIAIRE- instaurado el año 2002, llama a reflexionar sobre las condiciones de la calidad del aire de nuestro entorno y sus efectos en la salud humana, así como la necesidad de promover cambios positivos en la “cultura del aire”.

Se trata de un llamado a mejorar las condiciones sociales, económicas y ambientales que son  imprescindibles para el desarrollo integral de niños y jóvenes, priorizando las medidas preventivas para los sectores más vulnerables. Aunque es una fecha que pasa desapercibida, lo cierto es que tener un día que nos recuerde la importancia de que el aire que respiramos sea limpio y actual para conseguirlo tiene un obsequio mayor: más años de vida.

El deterioro de la calidad del aire es una preocupación creciente ligada al desarrollo. La dependencia de combustibles fósiles para el transporte, la industria y la generación de energía; el incremento en la tasa de motorización; el aumento en la urbanización con bajos niveles de planificación; la quema de residuos sólidos y de biomasa agrícola, y los efectos del cambio climático son algunos de los factores que acentúan la problemática de contaminación del aire.

Lo anterior cobra aún más importancia con el reciente informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático* (IPCC), que sentenció que las emisiones continuas de gases de efecto invernadero podrían quebrar un límite clave de la temperatura global en poco más de una década. También asegura que «no es posible descartar» una subida del nivel del mar que se acerque a los 2 metros a finales de este siglo.

La contaminación del aire es la principal amenaza ambiental a la salud pública. Y Chile tiene varios ejemplos en la materia en ciudades como Santiago o urbes de la zona sur, como Temuco, Valdivia u Osorno, debido a la utilización de leña para calefacción.

Aunque el panorama parece muy gris, lo cierto es que hay alternativas para mejorar la calidad del aire. Y la empresa privada debe ser un actor relevante y estar disponible para colaborar en las políticas públicas específicas. Por ejemplo, a través de la Ley de Eficiencia Energética, que pretende lograr la carbono neutralidad en 2050. La iniciativa garantiza apoyo a empresas que tengan buena gestión energética, incentivos a la llegada de vehículos más eficientes y de cero emisiones, mayor información sobre el consumo de energía de las casas y fomento al buen uso de la energía en  instituciones públicas.

Cada uno está llamado a hacer su aporte: a través de la eficiencia energética de nuestros electrodomésticos y el uso de la luz y el agua en nuestros hogares y lugares de trabajo. Si cada habitante crea nuevos y mejores hábitos, todos estaremos recomponiendo nuestro hábitat y acrecentando la producción de oxígeno en nuestro entorno residencial, laboral, educativo, en los patios, plazas y parques de nuestros barrios y ciudades.

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