Para ahondar más sobre ciudades inteligentes conversamos con Martín Grunert, Senior Data Scientist de Axity.
De Smart Cities venimos hablando hace algunos años y cada vez son más las ciudades que buscan ser “inteligente”
Efectivamente las ciudades inteligentes no es un fenómeno nuevo, al igual que el crecimiento de las grandes urbes.
Cabe recordar que, en 1950, según la ONU, había 751 millones de personas viviendo en ciudades y para el 2018 eran 4200 millones. Y se pronostica que para el 2050 el 68% de la población va a vivir en zona urbana en ciudades.
Cuando hablábamos desde la Revolución Industrial hasta ahora, no se sabía si la migración campo-ciudad iba a ser un patrón que iba a ser por algunos años o un fenómeno que iba a establecerse en el futuro. Entendiendo este rápido crecimiento urbano, nace durante los años 60-70 el concepto de Smart Cities, que se enfoca, en términos generales, en dos necesidades, el uso más eficiente de los recursos y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Sumado a esto, los últimos 30 años se ha añadido a este concepto la preocupación por reducir el impacto ambiental de estas grandes urbes.
Con esta evolución de las ciudades en las últimas décadas hemos tenido un avance tecnológico en todo el mundo. A nivel internacional se reconoce que se puede usar la tecnología para solucionar estos temas de calidad de vida en ciudad.
Hoy en día, la generación de datos proveniente de sensores de herramientas IoT, vehículos, cámara, etcétera, te permite capturar muchos datos. Estos datos más el almacenamiento, con herramientas de Big Data, Cloud, más el procesamiento y el cálculo de algunos algoritmos, te permite solucionar de manera mucho más inteligente y eficiente los problemas. Esto es el valor agregado de las Smart Cities.
¿Cuáles son los principales obstáculos para avanzar hacia ciudades más inteligentes?
En Latinoamérica en general y Chile en específico tiene que ver mucho con la coordinación e integración de soluciones. Por un lado, puedes tener programas desarrollados por municipalidades, ministerios, gobernaciones y organizaciones civiles, academia o empresas privadas, donde el error más común es la poca mirada en conjunto o tener la capacidad de ponerse de acuerdo. Pero también hay temas de desigualdad presupuestaria y en términos del poder que tienen todos estos actores para tomar decisiones, lo que frena este avance en temas de ciudad inteligente.
También hay que considerar que las Smart Cities requieren de mucha inversión y diversidad en tecnología. Sumado a que es difícil tener una mirada integrada, se piensa la ciudad como si existieran estos límites de municipalidades, por ejemplo, que esos límites para las personas que transitamos por la ciudad no nos deberían importar, o sea, yo no estoy pensando dónde está el límite de constantemente entre Independencia y Recoleta o Huechuraba, Conchalí, etcétera.
Para la persona que transita, sí tú tienes problemas de planificación urbana, no le importa, pero seguramente notará la diferencia. Entonces tú tienes una fragmentación sectorial y una fragmentación territorial, lo que hace es un poco más complejo generar políticas públicas de ciudades inteligentes, pensando que estas debiesen ser integradas.
¿Algún ejemplo que destacar?
Uno que es bien curioso porque hasta en cosas más impensadas puedes hacer la ciudad más inteligente.
Hace unos años uno de los juegos que causó más sensación a nivel mundial fue Pokémon Go.
El hecho es que básicamente con información de telefonía móvil, un proyecto de la UDD (Graells-Garrido et al. 2017) revisó el efecto del juego en el comportamiento de tránsito de personas Santiago, analizando el antes y después del lanzamiento de este juego, específicamente, que sectores de la ciudad se empezaron a utilizar más, dado el lanzamiento del juego. A partir de esto se dieron cuenta, por ejemplo, que en los días a la semana, dado que existe una rutina, no había mucha diferencia, pero sí los sábados y los domingos había un flujo en lugares que antes no había.
¿Por qué es importante, por ejemplo, estos proyectos? Porque de las cosas hasta más impensadas que es un juego de celular, podemos sacar conclusiones a la hora de realizar políticas públicas.
Destacar que en este análisis o proyecto participaron Eduardo Graells-Garrido, Leo Ferres, Diego Caro y Loreto Bravo. Y permitió conocer y potencialmente poder aprovechar más el espacio público, saber dónde se puede empezar a mover gente y eso te permite, como decíamos antes, a optimizar o aprovechar mejor los recursos.
Caso como el anterior, nos hace recordar que nosotros mismos podemos generar una diversidad de datos desde Uber, si usamos sistemas de Scooter, Transbank, Instagram, Facebook, etc. Es decir, tienes un montón de posibles fuentes de datos desde donde podrías sacar algunas conclusiones que ayuden a la ciudad.
Por último ¿Qué organismo del estado podría verse más beneficiado implementando ciudades inteligentes?
Hoy en día vemos que las municipalidades tienen distintos problemas y desigualdad de recursos, pensemos, por ejemplo, en Vitacura el 2017, per cápita tenía USD$1200 y Conchalí tenía USD$200.
Esa diferencia hace que en la actualidad existan municipalidades que pueden aplicar todos estos conceptos de Smart Cities y aplicar soluciones o investigaciones para mejorar, versus otras que no tienen los recursos.
Ahora bien, si consideramos un estudio realizado el 2021 (Pacheco et al. 2021), donde las municipalidades podrían entregar la misma cantidad de servicios con un 61% menos de recursos, te da pie para formular soluciones relacionadas a Smart Cities para que, entre los pilares que tiene esta tendencia, puedas optimizar recursos o re dirigirlos donde existan mayores urgencias.
Entonces dentro de todas las nuevas tendencias que existen como el big data, pero también la optimización, la automatización, la inferencia sobre datos, las municipalidades podrían solucionar una diversidad de problemáticas que hoy en día no solucionan lamentablemente por esta falta de recursos.



