• Por Enzo Manzanare, Senior Customer Incident Response Engineer,Netdata Cybersecurity.

A pocos días de finalizar este año e iniciar el 2025, no podemos dejar de reconocer que la ciberseguridad sigue siendo un área en constante movimiento. Cada día nos plantea la necesidad de anticiparnos a escenarios digitales cada vez más desafiantes, a veces con un formato similar al de aquellas películas de espías y hackers, donde las grandes potencias desplegaban sofisticadas estrategias para resguardar su información frente a adversarios cada vez más audaces.

Es por ello que, dentro de la ciberseguridad, la inteligencia de amenazas se convierte en una disciplina fundamental para este 2025, con el objetivo de adaptarnos a estos entornos y poder crear estrategias proactivas que nos ayuden a ser más efectivos y eficientes en nuestra protección.

Necesidad de ser estratégicos

Siempre que hablemos de seguridad, en cualquiera de sus vertientes, debemos hablar de estrategias. Esto obedece a que los ciberdelincuentes están cambiando constantemente sus tácticas para ejecutar acciones maliciosas. Entendiendo esto, la inteligencia de amenazas nos ofrece una luz al final del túnel, para que los más altos niveles de las organizaciones puedan incluir dentro de sus agendas la toma de decisiones respecto a su ciberseguridad. Esto incluye:

  • Planificación a corto, mediano y largo plazo: Diseñar estrategias de seguridad alineadas con los objetivos del negocio para soportar el entorno cambiante de las tecnologías y de las amenazas.
  • Análisis contextual de amenazas: Comprender las motivaciones, tácticas y técnicas de los actores maliciosos para anticiparse a sus movimientos.
  • Priorización de recursos: Utilizar la inteligencia de amenazas para asignar presupuestos y esfuerzos en las áreas de mayor riesgo.
  • Resiliencia organizacional: Desarrollar un enfoque integral que combine tecnología, procesos y personas para mantener la continuidad operativa.
  • Análisis geopolíticos: El análisis geopolítico desempeña un papel crucial en la inteligencia de amenazas, ya que permite comprender cómo factores políticos, económicos y sociales afectan el panorama de ciberseguridad global.

Necesidad de ser proactivos

Hoy en día, la ciberseguridad ha evolucionado tanto que ya no dependemos de señales tardías, como un perro bravo que ladra cuando un desconocido busca acercarse a la puerta, o que un EDR nos alerte sobre un comportamiento malicioso cuando nos quieren atacar. Ya contamos con procesos y tecnologías que nos permiten agregar una variable a nuestra fórmula de protección cibernética para pasar de lo reactivo a lo proactivo. Es aquí donde la inteligencia de amenazas desempeña un papel fundamental en el desarrollo de actividades que nos permiten anticiparnos a diferentes amenazas, actividades como:

  1. Identificación temprana de amenazas: Analizar indicadores de compromiso (IoC) y patrones de comportamiento sospechoso para prevenir incidentes antes de que se materialicen.
  2. Priorización de amenazas críticas: Con base en datos recopilados, se pueden clasificar riesgos en función de su relevancia y potencial impacto en la organización.
  3. Adopción de medidas preventivas: Implementar controles específicos para mitigar riesgos asociados a amenazas detectadas, como parches en sistemas vulnerables, bloqueos en tiempo real, entonación de reglas de correlación, entre otras.
  4. Colaboración global: Aprovechar fuentes de inteligencia compartida entre organizaciones públicas y privadas para mejorar la capacidad de respuesta ante actores maliciosos comunes.
  5. Monitoreo de actores de amenaza: La búsqueda constante de información relacionada a grupos o actores maliciosos nos da una visión 360 de sus modus operandi, dado que hoy en día la presencia de estos grupos ya no se limita solo a la dark web, ya se encuentran a 1 clic de distancia en redes sociales.

Para comprender mejor la importancia de la inteligencia de amenazas, basta con remontarnos a la Guerra Fría: un periodo donde las grandes potencias formaban alianzas entrenaba espías, analizaban a sus adversarios y extraían información crucial. Estas acciones no solo protegían su seguridad nacional, sino que también evitaban escenarios catastróficos como un conflicto nuclear. Esta analogía histórica resulta más relevante que nunca: en 2025, la inteligencia de amenazas debe consolidarse como un pilar esencial en la estrategia de ciberseguridad. En Netdata, estamos preparados para enfrentar este desafío, integrando inteligencia de amenazas como parte fundamental de nuestra propuesta, lo que nos permite anticiparnos y responder eficazmente en un entorno donde, mientras lees estas líneas, grupos organizados están lanzando campañas de phishing, ejecutando ataques de ransomware y planeando ofensivas contra infraestructuras críticas.

La diferencia está en contar con las herramientas y la visión adecuada para ir siempre un paso adelante.

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