- Rodrigo Pinto, gerente general de Tecno Panel.
El déficit habitacional en Chile dejó hace tiempo de ser una cifra técnica para transformarse en una urgencia social. Miles de familias siguen esperando una solución mientras el país discute cómo acelerar la construcción sin sacrificar calidad ni sostenibilidad. La extensión del Plan de Emergencia Habitacional hasta 2029 es una señal clara de que el problema es profundo y que requiere visión a largo plazo. Esto sumado a la votación unánime en la Cámara de Diputados y en el Senado, demostrando que se obtiene una respuesta de Estado a un problema estructural.
Los avances existen y es justo reconocerlos. Una parte importante de las viviendas comprometidas ya fue construida o está en ejecución. Sin embargo, el verdadero desafío no está solo en cumplir metas, sino en repensar la forma en que se construye en Chile. El modelo tradicional enfrenta limitaciones evidentes: plazos extensos, altos costos, dependencia de mano de obra y una burocracia que ralentiza los proyectos.
En este contexto, la construcción modular surge como una de las alternativas más concretas para enfrentar el déficit. Este tipo de soluciones permite industrializar procesos, reducir significativamente los tiempos de obra y mejorar el control de calidad. Según estimaciones de la consultora estadounidense McKinsey esta solución puede mejorar la productividad del sector, acelerar los plazos de entrega en hasta en un 50%, generar ahorros de costos y reducir las emisiones de CO2.
La vivienda modular se consolida como una herramienta estratégica para responder a la demanda habitacional, especialmente en proyectos de escala y en zonas donde el acceso a soluciones tradicionales es más complejo, muy relevante en zonas lluviosas.
Además, apostar por innovación en vivienda permite avanzar hacia construcciones más eficientes, de excelente desempeño térmico y energético, con menor impacto ambiental y mejor planificación territorial. Esto último resulta clave en un escenario donde la presión sobre las ciudades crece y la clase media enfrenta crecientes dificultades para acceder a la vivienda propia, quedando muchas veces fuera de los instrumentos tradicionales de apoyo.
Si Chile quiere enfrentar de manera sostenible su crisis habitacional, necesita ir más allá de la urgencia y apostar por cambios estructurales. La política pública debe ir de la mano con nuevas formas de construir y de gestionar proyectos habitacionales. Porque el desafío no es solo levantar viviendas, sino construir futuro.



