- Forman parte de una nueva generación de fraudes impulsados por IA que está obligando a las organizaciones a reforzar sus mecanismos de verificación y confianza digital.
Internacional, 29 de julio de 2026.- Un gerente recibe una videollamada de quien parece ser un proveedor de la compañía. La imagen, la voz y los gestos coinciden perfectamente con los de la persona que conoce desde hace años. Tras una breve conversación, autoriza una transferencia urgente. Horas más tarde descubre que nunca habló con el proveedor y que todo fue una estafa elaborada con IA.
Lo que hasta hace poco parecía ciencia ficción hoy forma parte de las amenazas que enfrentan organizaciones de todo el mundo. Uno de los casos más conocidos ocurrió en 2024 con la empresa Arup, donde un trabajador transfirió cerca de USD 25 millones tras participar en una videoconferencia en la que todos los supuestos ejecutivos habían sido recreados mediante deepfakes.
Y la tendencia va en aumento. Una encuesta de Gartner de 2025 reveló que el 62% de las organizaciones había sufrido un incidente relacionado con deepfakes en los últimos 12 meses. «El fraude digital ya no es solo un problema de seguridad, sino un desafío de confianza. Las organizaciones necesitan validar no solo quién está detrás de una transacción, sino también su intención y contexto en tiempo real», afirma Tomás Castañeda, director senior de Desarrollo de Productos de Sovos.
Las amenazas que más preocupan
IA autónoma. Los sistemas de IA agéntica pueden ejecutar tareas con mínima intervención humana: identificar proveedores, redactar correos personalizados, mantener conversaciones y facilitar fraudes como cambios falsos de cuentas bancarias.
Deepfakes. Ya no se utilizan solo para crear contenido falso. También permiten suplantar identidades en reuniones virtuales, procesos de contratación y autorizaciones financieras. El nivel de sofisticación es tan grande que es cada vez más difícil distinguir entre una persona real y una generada por IA.
Phishing inteligente. La IA permite crear en pocos minutos correos y sitios web prácticamente idénticos a los legítimos, por lo que en cosa de minutos los estafadores pueden robar credenciales, información financiera y datos sensibles.
Bots emocionales: sistemas capaces de mantener conversaciones complejas durante días o semanas y adaptar sus respuestas según las emociones del usuario. A diferencia de las estafas tradicionales, estos sistemas buscan construir confianza antes de solicitar información confidencial o transferencias de dinero. Pueden hacerse pasar por clientes potenciales, asesores financieros o contactos profesionales. «Este tipo de fraude representa una evolución de la ingeniería social, porque combina automatización con técnicas de persuasión que antes dependían exclusivamente de las personas», explica Castañeda.
Identidades sintéticas. Combinando datos reales y ficticios, los delincuentes crean identidades capaces de superar controles de verificación, abrir cuentas, solicitar créditos y operar durante meses antes de ser detectadas.
Fraude como servicio. En mercados clandestinos ya se comercializan plataformas que ofrecen kits completos con clonación de voz, generación de deepfakes, campañas de phishing y herramientas automatizadas, capaces de ejecutar ataques sofisticados sin ser un experto.
Cómo enfrentar esta nueva generación de fraudes
Para Castañeda, la respuesta pasa por fortalecer la confianza digital mediante autenticación robusta, verificación de identidad, biometría, análisis de comportamiento e inteligencia artificial capaz de detectar anomalías en tiempo real.
«Estamos entrando en una carrera de IA contra IA. La misma tecnología que hoy permite cometer fraudes será la que ayude a detectarlos y prevenirlos. La diferencia estará en la capacidad de las organizaciones para anticiparse y fortalecer sus mecanismos de confianza», concluye.
