• La gestión de contratos dejó de ser un tema exclusivamente legal para convertirse en un asunto estratégico de negocio. Así lo reflejan distintos análisis y casos de la industria en Chile, que coinciden en un diagnóstico: cuando el ciclo de vida de un contrato se administra de forma manual y fragmentada, el impacto económico y operativo para las empresas puede ser significativo.

Nacional, 15 de septiembre de 2026.- Firmar, archivar y hacer seguimiento a un contrato en papel parece un trámite menor, pero para las empresas chilenas se ha convertido en una fuente silenciosa de costos, multas y demoras operativas. Según estimaciones del World Commerce & Contracting (WorldCC), organismo internacional de referencia en administración de contratos, las corporaciones dejan de percibir en promedio el equivalente al 9,2% de sus ingresos anuales debido a deficiencias en la gestión de sus acuerdos comerciales. KPMG, por su parte, calcula que entre el 12% y el 40% del valor de un contrato puede perderse por una administración deficiente: renovaciones no detectadas, incumplimientos que pasan inadvertidos y obligaciones que nadie vuelve a revisar después de la firma.

“Un contrato no termina cuando se firma. Después de esa etapa siguen existiendo obligaciones, responsables, vencimientos y procesos que involucran a las distintas áreas de una organización, la diferencia está en dejar de entender el contrato como un archivo aislado y comenzar a gestionarlo como parte activa de un proceso de negocio” explica Rodrigo Mortara, CEO de Despapeliza.

La necesidad de gestionar estos procesos impulsa el uso de herramientas de Contract Lifecycle Management (CLM), que permiten administrar las distintas etapas de un contrato desde su solicitud y elaboración hasta su aprobación, firma y almacenamiento. Para los expertos el siguiente paso consiste en conectar el documento con los procesos que activa.

La trazabilidad permite conocer cuál es la versión vigente de un documento, quién tuvo acceso o realizó modificaciones, qué aprobaciones registra y qué obligaciones permanecen pendientes. También aporta información para auditorías y para la gestión de documentos que contienen información corporativa o datos personales.

Esto impacta directamente en los tiempos de gestión con resultados concretos para las compañías. Empresas que han implementado soluciones, han reducido hasta en un 85% los tiempos asociados a su gestión contractual y dependiendo de la solución implementada, el proceso de firma pasó de extenderse por cerca de siete días a resolverse en solo unas cuantas horas.

Para los especialistas estas cifras confirman una tendencia: la gestión documental y contractual dejó de ser una tarea administrativa de bajo perfil para convertirse en una variable que afecta directamente los costos, el cumplimiento normativo y la eficiencia operativa de las empresas chilenas. 

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