• Juan Pablo Vargas, académico de la Facultad de Ingeniería, USACH.

Septiembre de 2026 nos dejó una advertencia que la ingeniería no puede ignorar. Una investigación de Unit 42 documentó una intromisión en que un atacante utilizó agentes de inteligencia artificial para ejecutar más de 50 técnicas de ataque en menos de diez horas. Un trabajo que a especialistas humanos podría tomarles alrededor de dos semanas fue comprimido a horas. En los ataques más rápidos observados por la misma organización, la extracción de información ya puede producirse en menos de 60 minutos.

No estamos hablando del futuro. Está ocurriendo ahora. Y para Chile la pregunta es inevitable: ¿qué ocurre cuando esa velocidad de ataque se enfrenta a una minería cada vez más autónoma, digitalizada y conectada?

La minería 4.0 descansa precisamente sobre aquello que aumenta su superficie de exposición: sensores, inteligencia artificial, centros integrados de operaciones, equipos autónomos, plataformas cloud, IoT, redes industriales, proveedores conectados remotamente y sistemas IT y OT que deben conversar permanentemente.

Las cifras chilenas obligan a mirar el problema con particular atención. El 76,5% de los ejecutivos mineros consultados en el Estudio de Percepción de Riesgos Empresariales considera que sus compañías están hoy más expuestas a ciberataques sofisticados. Y Fernando Lucchini, de la Corporación de Ciberseguridad Minera, señaló recientemente que un 97% de los sistemas utilizados en el sector no cumpliría estándares básicos de ciberseguridad.

Durante años entendimos la inteligencia artificial fundamentalmente como un copiloto: una tecnología que analiza información y recomienda acciones. La IA agéntica cambia ese paradigma. Puede recibir un objetivo, dividirlo en tareas, utilizar herramientas, interpretar resultados, decidir el siguiente movimiento y volver a intentarlo.

El caso conocido en septiembre resulta particularmente ilustrativo: los agentes utilizados por el atacante pudieron reconocer una red, buscar secretos en repositorios, obtener credenciales y ejecutar acciones de manera coordinada. No necesitaron inventar una vulnerabilidad revolucionaria. La ventaja estuvo fundamentalmente en la velocidad, automatización y capacidad de actuar en paralelo.

Aquí está, a mi juicio, el verdadero desafío. En una minera, un ciberataque no significa solamente perder información. La convergencia entre los mundos físico y digital hace que, eventualmente, pueda comprometer continuidad operacional, producción, energía, agua, transporte, mantenimiento, cadenas de proveedores e, incluso, seguridad de las personas.

La ciberseguridad deja entonces de ser un asunto exclusivo del área de informática. Se convierte en un problema de ingeniería.

Chile ha comenzado a avanzar. La creación de la Corporación de Ciberseguridad Minera constituye una señal importante de colaboración sectorial. También lo es el trabajo de Corporación Alta Ley para medir económicamente los beneficios de prevenir y mitigar ciberataques. Necesitamos demostrar que invertir en ciberseguridad no es solamente asumir un costo, es proteger continuidad, productividad y competitividad.

Las universidades

Las facultades de Ingeniería debemos preguntarnos si estamos formando profesionales para este nuevo escenario. Un ingeniero del siglo XXI tendrá que comprender automatización, inteligencia artificial, sistemas industriales, datos y ciberseguridad, independientemente de su especialidad. También tendremos que investigar más junto a las empresas, llevar nuestros laboratorios hacia problemas reales de la industria y formar especialistas capaces de entender simultáneamente tecnología y operación.

Octubre es el Mes de la Ciberseguridad. Quizás sea el momento de dejar atrás una idea que se ha vuelto peligrosa: pensar que proteger digitalmente una operación corresponde solamente a quienes administran computadores. La minería 4.0 puede tener camiones autónomos, operaciones remotas e inteligencia artificial, pero existe una condición previa. No habrá minería verdaderamente inteligente si no somos capaces de construir primero una minería cibersegura.

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