- La NOAA estima una probabilidad superior al 83% de que el fenómeno se mantenga fuerte a muy fuerte durante el verano 2026-2027. El geofísico Osvaldo Artal advierte que el calentamiento del océano, sumado a las alteraciones atmosféricas, podría modificar las precipitaciones en Chile y generar impactos en los ecosistemas marinos.
Nacional, 6 de noviembre de 2026.- Temperaturas superiores a los 3 °C por sobre los valores habituales en sectores del Pacífico ecuatorial oriental, una importante reserva de calor acumulada bajo la superficie y un debilitamiento de los vientos alisios son algunas de las señales que mantienen en alerta a la comunidad científica ante la intensificación de El Niño. El fenómeno podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados desde 1950, con efectos que podrían extenderse durante los primeros meses de 2027.
En su actualización del 8 de octubre, el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó una probabilidad superior al 83% de que se mantengan condiciones de El Niño fuerte a muy fuerte durante el período enero-marzo de 2027. Un escenario que también ha sido advertido por la Organización Meteorológica Mundial debido a sus posibles consecuencias sobre las temperaturas, las precipitaciones y los fenómenos extremos.
Según explica Osvaldo Artal, geofísico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de La Frontera, el actual episodio presenta señales oceánicas y atmosféricas que apuntan a una intensificación importante. “El Niño es un proceso de interacción entre el océano y la atmósfera, en el que ambos se refuerzan mutuamente. En superficie, el Pacífico ecuatorial oriental ha registrado anomalías de temperatura de más de 3 °C y bajo la superficie hay una enorme reserva de calor. Cuando todos estos indicadores apuntan en la misma dirección, los modelos tienen mucha más confianza para anticipar un evento de mayor intensidad”, señala.
El especialista advierte que una diferencia relevante respecto de los episodios de 1997-1998 y 2015-2016, considerados entre los más intensos registrados, es que este fenómeno se desarrolla sobre un océano que ya acumula varios años de temperaturas récord. Por ello, su evolución debe analizarse considerando también el calentamiento general de los océanos tropicales.
El calor del océano y sus efectos en Chile
El aumento de la temperatura superficial del mar no solo tiene consecuencias sobre el clima, sino también sobre los ecosistemas marinos. En Chile, uno de los sectores que requiere especial atención es la zona de fiordos y canales del sur, donde las variaciones en el aporte de agua dulce de los ríos pueden modificar la salinidad, temperatura y estabilidad de las aguas.
Artal recuerda lo ocurrido durante el verano de 2016, cuando las condiciones de mayor temperatura y salinidad en el mar interior favorecieron una floración algal masiva que afectó fuertemente a la salmonicultura nacional. En ese sentido, advierte que tanto los períodos de escasez de agua dulce como las crecidas que arrastran sedimentos y contaminantes hacia el mar pueden generar impactos en la actividad acuícola y los ecosistemas.
El fenómeno también puede modificar los patrones de precipitaciones en el territorio nacional. En términos generales, El Niño suele favorecer mayores lluvias en la zona central y centro-sur, mientras que en el altiplano y el extremo sur su influencia es más débil o puede asociarse a condiciones más secas.
Sin embargo, el académico llama a no anticipar un invierno especialmente lluvioso para 2027. El fenómeno debería alcanzar su máximo hacia fines de 2026 y debilitarse durante el otoño siguiente, por lo que el invierno podría coincidir con una etapa de transición hacia condiciones neutras o incluso La Niña. Los pronósticos estacionales podrían entregar señales más claras entre abril y mayo.
Un fenómeno que requiere monitoreo permanente
Otro de los aspectos que preocupa es la posibilidad de que las precipitaciones se concentren en períodos cortos. La combinación de sistemas frontales cálidos y ríos atmosféricos puede elevar la isoterma cero, provocando que en sectores cordilleranos llueva en lugar de nevar. Esto aumenta la escorrentía hacia ríos y quebradas, favoreciendo crecidas, desbordes, deslizamientos y aluviones.
Frente a este escenario, Artal plantea que la preparación debe comenzar durante los próximos meses, considerando tanto los riesgos terrestres como los marinos. Entre las medidas prioritarias menciona la limpieza de cauces y colectores de aguas lluvia, la revisión de laderas críticas y el fortalecimiento del monitoreo oceánico, especialmente de variables como temperatura, salinidad y presencia de microalgas nocivas.
“La ventaja de El Niño es que podemos seguir su evolución con meses de anticipación. No se trata solamente de saber cuánto va a llover, sino también de observar qué está ocurriendo en el océano y cómo esos cambios pueden repercutir en el territorio y los ecosistemas marinos. El desafío es que esa información llegue a tiempo a las autoridades y comunidades para anticiparse a los riesgos”, concluye.
