Definida como la acumulación de compensaciones, soluciones temporales y prácticas obsoletas en proyectos de desarrollo de software, la deuda técnica es un desafío común que, si no se gestiona adecuadamente, puede incrementar los costos y el tiempo de desarrollo, comprometer la calidad del producto y dificultar la capacidad de adaptación a nuevas tecnologías. Abordarla a tiempo es clave para asegurar la sostenibilidad y competitividad del software a largo plazo.
La deuda técnica incluye todas aquellas tareas que se dejan de lado para seguir generando y trabajando; son acciones necesarias que a menudo se omiten. Estas representan buenas prácticas para el desarrollo y la creación de sistemas, pero muchas veces se ignoran o se abordan de manera superficial debido a la presión de los requerimientos del negocio.
En muchas ocasiones, tendemos a relacionar el concepto de deuda solo con la parte tecnológica de una plataforma o empresa. Sin embargo, según Javier Rodríguez, Arquitecto de Soluciones en Axity, esto no es del todo cierto: “La deuda técnica se genera en todas partes, no solo en la parte técnica. Por ejemplo, un negocio puede acumularla cuando no tiene visibilidad de sus procesos o no sabe exactamente qué sistemas, servidores o bases de datos soportan sus operaciones”, afirma.
La deuda técnica surge por falta de planificación o cuando se añaden tareas imprevistas durante el desarrollo de un sprint (ciclo de trabajo en metodologías ágiles). “Estas interrupciones reducen el tiempo dedicado a cada tarea, lo que disminuye la calidad del trabajo. En etapas más técnicas, como la codificación, pruebas y liberación de producto, estos problemas se agravan si no se gestionan correctamente”, explica Rodríguez.
Una de las formas más efectivas de gestionar la deuda técnica es asegurarse de tener visibilidad clara de lo que implica en términos de costos y riesgos. Es fundamental comprender el impacto de no abordarla, tanto a corto como a largo plazo. Asimismo, esta debe integrarse en la planificación diaria del equipo, convirtiéndose en parte del backlog de negocio.
De acuerdo al profesional, identificar la deuda técnica es el paso más importante, pero el más doloroso también. “En la cadena de valor del desarrollo, áreas como Control de Calidad (QA), planificación e infraestructura deben comunicar las tareas pendientes necesarias que no se han realizado. Pero en lugar de presentarlas en términos técnicos, como ‘kubernetes’, ‘microservicios’ o ‘complejidad ciclomática’, es esencial traducirlas a un lenguaje comprensible, centrándose en los riesgos y costos de no abordarlas”, afirma.
En relación a los diferentes tipos de amenazas en términos de resiliencia que enfrentan los sistemas hoy en día, el arquitecto de soluciones explica que existe un problema heredado por los sistemas legados, “alrededor del 70 u 80% de las transacciones en el mundo están soportadas por estas plataformas monolíticas. Esto significa que si varios equipos están modificando la misma aplicación, se pueden generar conflictos técnicos, y provocar errores mutuos”.
IA y visibilidad del negocio en la gestión de la deuda técnica
Para superar estas barreras, Axity ha utilizado la inteligencia artificial transformando estos aplicativos legados a lenguajes más modernos. “Separamos estos aplicativos por áreas de negocio y se los entregamos a equipos ya desacoplados. También hemos documentado el código entregándoselo a equipos que manejan partes del mismo, explicando cómo funcionan los bloques. Es importante mencionar que hacer modificaciones es mucho más sencillo con bloques independientes que unificado, ya que corre el riesgo de colapsar si alguna de sus partes falla”, señala el ejecutivo.
Un tema clave es que el negocio debe entender la deuda técnica, y tener visibilidad de lo que está sucediendo, asumiendo la responsabilidad de seguir incorporando nuevas funcionalidades.
Además, es fundamental mantener la infraestructura que soporta estas funcionalidades. “Debe estar sana, protegida, segura y actualizada para evitar que lo construido encima colapse en el futuro. Es esencial que en el backlog diario se hable de la combinación entre deuda técnica y nuevas funcionalidades, priorizándolas y manteniéndolas visibles. Esta es la mejor forma de equilibrar la resiliencia y el desarrollo de aplicaciones de última generación”, asevera Javier Rodríguez.
De acuerdo al ejecutivo, desafortunadamente muchas empresas siguen abordando la deuda técnica de manera reactiva, enfrentándola solo después de problemas graves en sus sistemas. Esto ha empeorado con el tiempo debido a la rápida evolución tecnológica. Antes, cambiar de un lenguaje de programación a otro podía llevar años, pero hoy ese proceso se realiza en meses, lo que trae nuevas complicaciones, como el aumento de amenazas cibernéticas. El desarrollo de software ha cambiado radicalmente en comparación a 30 años atrás, obligando a tomar con mayor seriedad temas que antes se ignoraban. Sobre el auge de la Inteligencia Artificial y su papel en la gestión de la deuda técnica, el profesional señala que esta tendencia ha revolucionado por completo lo que se está efectuando. “Las empresas que la adopten de manera consciente a partir de 2025 podrán mejorar el rendimiento humano, atender más clientes, aumentar ventas y acceder a nuevos mercados. La IA es clave para la transformación digital, siempre que se implemente con un enfoque claro y orientado a resolver problemas importantes, facilitando la evolución”.


