Shanghái, 22 de septiembre de 2025 – Desde que llegamos al campus Lianqi Lake, comprendimos que no estábamos frente a un centro de innovación tradicional. Imaginábamos encontrar un par de edificios modernos, algunas mesas de ping pong y jóvenes investigadores trabajando en proyectos incipientes. Sin embargo, la sorpresa fue total: en un paisaje diseñado con precisión, convergen lo moderno con lo clásico, la naturaleza con la inteligencia artificial; en definitiva, la investigación con el desarrollo.
El proyecto comenzó a gestarse en 2021, cuando Huawei decidió levantar un campus de investigación y desarrollo que reflejara la magnitud de su apuesta por la innovación. Invitados por la compañía, desde trendTIC recorrimos este complejo que, en pocos años, pasó de ser planos arquitectónicos a convertirse en un centro de escala mundial. Su apertura tuvo lugar en 2024, año en que Huawei destinó 179,7 mil millones de yuanes a I+D —equivalentes al 20,8 % de sus ingresos totales—, reafirmando que la inauguración del campus fue coherente con la gran inversión en innovación de la compañía.
Ubicado en las afueras de Shanghái, el campus se extiende sobre 2.600 acres y cuenta con más de 20.000 metros cuadrados construidos. Con una inversión de US$1.400 millones, Huawei ha levantado un verdadero ecosistema de innovación. Allí emergen 104 edificios distribuidos en 8 distritos temáticos, conectados por senderos, jardines y hasta un sistema ferroviario interno que facilita el movimiento de miles de personas cada día.

Mientras caminábamos por los pasillos luminosos de uno de los distritos de I+D, resultaba evidente que cada detalle fue pensado para fomentar la colaboración multidisciplinaria: arquitecturas abiertas, conectividad total y espacios que combinan laboratorios de última generación, centros de datos, áreas de trabajo colaborativo, zonas recreativas y cafeterías en distintos puntos. Todo con un objetivo claro: que el talento científico e ingenieril se concentre en innovar.
Uno de los riesgos de un proyecto de esta magnitud es que se convierta simplemente en un lugar grandioso pero impersonal. En Lianqi Lake, Huawei parece haber trabajado para evitar eso. Hay más de 100 cafeterías repartidas estratégicamente: algunas funcionan como puntos de encuentro informal, otras ofrecen espacios tranquilos para el trabajo concentrado; además, el campus integra zonas verdes, parques, senderos exteriores y espacios de relajación.
Nos llamó la atención la escala humana que Huawei ha intentado mantener: aunque el proyecto esté diseñado para albergar a más de 35.000 personas, actualmente ya trabajan allí cerca de 28.000 investigadores, técnicos y personal de apoyo, lo que permite que los servicios funcionen sin saturación y que el campus tenga vida real. Se espera que hacia finales del año, con mayor ocupación, se alcance la cifra de 30.000.
Más grande que el Apple Park y el campus de Microsoft en Redmond juntos, el complejo no solo es un proyecto arquitectónico de gran escala, sino también una declaración de intenciones: convertir a Huawei, a Shanghái y a China en un nuevo epicentro de la innovación global, consolidando a la compañía como un actor capaz de marcar el rumbo tecnológico del futuro.
Como visitantes, nos queda claro que si bien la geopolítica avanza a su propio ritmo, la tecnología lo hace a pasos acelerados. Y en esa carrera, la inversión, el tiempo y el esfuerzo que Huawei ha puesto en este campus desde 2021 representan una clara apuesta por el futuro.



