Por Mario Araya – CEO Kibernum
El anuncio presidencial del pasado 21 de mayo dando cuenta del envío del proyecto que crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología durante el segundo semestre de este año se esperaba con ansias durante años por la comunidad de científicos, innovadores y emprendedores tecnológicos.
Esta nueva institucionalidad debiese permitir al país contar con recursos suficientes como para potenciar la investigación, desarrollo e innovación; poner a la ciencia y tecnología como centro del debate; congregar a los diversos actores y definir una estrategia a mediano y largo plazo que potencie el ecosistema.
Como lo ha hecho ver la ACTI (Asociación Chilena de Empresas de Tecnología de Información A.G), para su desarrollo, el país requiere de una instancia con los recursos, presupuesto y fuerza necesaria para desarrollar una integración entre las áreas de la investigación, el desarrollo e innovación. Asimismo, que la inversión en estos aspectos crezca desde un 0,39% promedio a un 2,4% del PIB que tienen las naciones OCDE.
La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, lleva implícita una decisión de desarrollo país. Establece las bases para el crecimiento de Chile como país innovador en productos y servicios que puedan ser exportables para el mundo y nos permitan generar valor agregado como país. A futuro debemos ser capaces de exportar inteligencia y no depender tanto de nuestros recursos naturales.
Aún cuando siempre nos comparamos con los miembros de la OCDE, basta mirar a nuestro alrededor, ya que varios de los países de la región y de las alianzas en las que participamos cuentan con un Ministerio de Ciencia y Tecnología, que ha sensibilizado a los actores claves para dar el salto al desarrollo digital, que nosotros también queremos alcanzar de aquí al 2020.
