Carta al director
Desde 1970 se celebra cada 22 de abril el Día de la Tierra, fecha que nace producto de la preocupación de millones de personas quienes se manifestaron por el anhelo de un ambiente limpio, saludable y sustentable.
Sin duda se ha creado consciencia acerca del daño que hacemos al medio ambiente pero todavía falta mucho por cumplir, y se puede comenzar desde algo sumamente sencillo como encender una ampolleta. No es igual el impacto que causa encender la luz cuando la energía que se utiliza para lograr esta acción está basada en energías limpias.
Las fuertes corrientes de aire que el planeta nos provee naturalmente o incluso la mismísima luz solar son fuentes Caque están cambiando la manera en que nos abastecemos de energía. Para ejemplificar, en enero de este año, en Chile la generación basada en Energías Renovables No Convencionales (ERNC) fue un 25% mayor a la registrada en enero de 2017 (864GWh), e incluso un 99% superior a la catastrada en el primer mes de 2016 (540GWh). Con cifras como estas el futuro es muy prometedor.[1]
Además de los beneficios ecológicos que otorgan las energías verdes al planeta, estas son completamente sustentables y presentan un potencial económico e industrial enorme para el rubro energético, no solo en Chile sino en el mundo.
Es de esperar que la migración hacia este tipo de recursos siga creciendo y lo haga al corto plazo de manera definitiva. Así no tendremos que sumar una vez al año ese día como una forma de concientización sino quizás, lo haríamos como celebración por haber logrado evolucionar rotundamente a la utilización de energías y recursos verdes y, se pueda así celebrar realmente un Día de la Tierra.
Juan Francisco Friedl
SAFIRA Energía Chile


