Santiago 16 de abril 2026 – La discusión sobre infraestructura digital dejó de ser un tema estrictamente técnico para transformarse en un asunto geopolítico, económico y estratégico. Así quedó en evidencia en el foro “Neutralidad tecnológica y autonomía política: El cable de la discordia”, organizado por Chile 21 y el Foro Permanente de Política Exterior, donde exautoridades, economistas, diplomáticos y especialistas analizaron las implicancias del proyecto de cable submarino entre Chile y China y el complejo escenario internacional que rodea esta iniciativa.
El debate ocurre en un contexto marcado por crecientes tensiones entre Estados Unidos y China, una disputa que ya no solo se expresa en el comercio, los aranceles o los semiconductores, sino también en la infraestructura digital, los centros de datos, la astronomía, la inteligencia artificial y el control de los flujos de información.
Durante la actividad, Carlos Ominami planteó una de las preguntas centrales de la discusión: por qué existen decenas de cables entre Asia y América del Norte, pero ninguno conecta directamente Asia con América del Sur. A juicio de los participantes, la ausencia de esta infraestructura refleja no solo una brecha tecnológica, sino también una limitación estratégica para países como Chile.
Pedro Huichalaf, exsubsecretario de Telecomunicaciones, recordó que el proyecto de un cable transpacífico no es nuevo y que comenzó a gestarse hace más de una década, en el marco de una estrategia para fortalecer la conectividad nacional e internacional del país.
Según explicó, durante su gestión se impulsó una visión de infraestructura digital de largo plazo basada en tres ejes: conectar a los hogares, integrar territorialmente a todo el país y proyectar a Chile como una puerta de entrada digital hacia América Latina.
“Chile es líder regional en conectividad digital, pero ese liderazgo no ocurrió por casualidad. Hubo políticas públicas continuas, inversión privada, competencia y una visión de largo plazo que permitió avanzar en fibra óptica, conectividad móvil, centros de datos y servicios digitales”, señaló.
Huichalaf recordó que hace poco más de diez años Chile dependía de unos pocos cables internacionales, con baja redundancia y una fuerte dependencia de Argentina para conectar zonas como Magallanes. En ese escenario, el desarrollo de nuevos enlaces submarinos se volvió una prioridad estratégica.
Desde esa perspectiva, sostuvo que el cable transpacífico no solo representa una mejora técnica, sino también una decisión de soberanía digital. “La neutralidad tecnológica significa que el Estado no debe definir sus decisiones por el origen de la tecnología, sino por los beneficios que genera al país, por la competencia que promueve y por el impacto que puede tener en el desarrollo nacional”, afirmó.
Uno de los conceptos más repetidos durante el foro fue el de “hub digital”. Para Huichalaf, Chile tiene condiciones únicas para transformarse en un nodo regional de conectividad gracias a su estabilidad, infraestructura, capacidad de atracción de inversiones en data centers y ubicación geográfica.
El exsubsecretario sostuvo que el crecimiento de la industria de centros de datos, que según afirmó ha aumentado de manera importante en los últimos años, responde precisamente a esta visión de largo plazo, donde infraestructura, conectividad y regulación deben avanzar de manera coordinada.
Sebastián Claro, exvicepresidente del Banco Central, abordó la discusión desde una mirada económica y geopolítica más amplia. Según planteó, el mundo ya no opera bajo las mismas reglas de hace una década y la disputa entre grandes potencias es hoy un fenómeno estructural. “El mundo cambió y no creo que esto vaya a revertirse en una o dos elecciones. Hay una disputa geopolítica y tecnológica que llegó para quedarse”, sostuvo.
A su juicio, Chile debe seguir apostando por el multilateralismo y por un sistema basado en reglas, pero al mismo tiempo necesita incorporar criterios de seguridad nacional y protección de infraestructura crítica en determinadas decisiones. Claro planteó que uno de los temas más sensibles tiene relación con el manejo de los datos y con la capacidad de fiscalizar o auditar el funcionamiento de infraestructuras críticas cuando involucran a otros países. “Hay sectores donde los datos son especialmente sensibles, como el financiero, y ahí es legítimo preguntarse si existen las condiciones para garantizar ciberseguridad, auditoría y protección de información”, indicó.
En esa línea, sostuvo que más que evaluar proyectos según el país de origen de la inversión, Chile debiera definir estándares claros, objetivos y previsibles para determinar cuándo una infraestructura estratégica cumple o no con ciertos requisitos.
La abogada y experta en derecho internacional Paz Zárate puso el foco en otro elemento: la falta de una mirada geopolítica permanente por parte del Estado chileno. Según señaló, el caso del cable no es un hecho aislado, sino parte de una serie de episodios donde Chile ha debido enfrentar presiones externas vinculadas a inversiones, infraestructura crítica o sectores estratégicos.
Entre ellos mencionó el caso de los pasaportes, la participación de Tianqi en SQM, el proyecto astronómico TOM impulsado por China y las tensiones relacionadas con observatorios internacionales instalados en el norte del país. “Las potencias persiguen sus intereses. La pregunta es cuáles son los nuestros”, afirmó.
Para Zárate, el principal problema es que Chile carece de una institucionalidad capaz de analizar este tipo de inversiones desde una perspectiva geopolítica y estratégica de largo plazo. “Hoy reaccionamos caso a caso, bajo presión y de manera improvisada. No tenemos una arquitectura institucional que nos permita definir qué sectores son estratégicos, cuáles son los riesgos y cómo resguardar nuestros intereses nacionales”, sostuvo.
La especialista defendió además la necesidad de avanzar hacia algún mecanismo de revisión de inversiones extranjeras, similar al que ya existe en decenas de países desarrollados. A su juicio, un sistema de este tipo no debiera ser discriminatorio ni arbitrario, sino transparente, proporcional y orientado a proteger infraestructura crítica y sectores sensibles.
Desde una mirada más diplomática, Jorge Heine, exembajador de Chile en China, defendió la necesidad de diversificar las conexiones digitales del país y reducir la dependencia de Estados Unidos.
Heine recordó que actualmente la mayoría de los cables submarinos que conectan a Sudamérica pasan por Estados Unidos, lo que concentra gran parte de los flujos de información en un solo nodo. “Chile depende totalmente de Estados Unidos para conectarse digitalmente con el mundo. Eso nos hace vulnerables”, advirtió.
El exembajador señaló que una conexión directa con Asia permitiría aumentar la redundancia, mejorar la resiliencia de las redes y fortalecer la autonomía tecnológica del país. Asimismo, recordó que el proyecto de cable transpacífico entre Chile y Asia comenzó a impulsarse hace varios años y que fue respaldado por distintos gobiernos, antes de verse tensionado por factores geopolíticos. “Así como diversificamos nuestras relaciones diplomáticas, comerciales y financieras, también tenemos que diversificar nuestras conexiones digitales”, planteó.
El debate dejó en evidencia que la discusión sobre el cable trasciende ampliamente la instalación de una infraestructura específica. En el fondo, lo que está en juego es la forma en que Chile se posiciona en un escenario global marcado por tensiones geopolíticas, dependencia tecnológica y disputas por el control de los datos.
También revela que el país enfrenta un desafío cada vez más relevante: cómo equilibrar apertura económica, neutralidad tecnológica, seguridad nacional y autonomía política en un mundo donde la infraestructura digital se ha transformado en un activo estratégico.
Más allá de si finalmente el proyecto avanza o no, la discusión ya instaló una pregunta de fondo: si Chile quiere seguir siendo un actor abierto e integrado al mundo, pero al mismo tiempo desarrollar una estrategia propia para resguardar su soberanía digital y sus intereses de largo plazo.


