Desde hace más de una década, la enfermera-matrona y consultora clínica senior de Rayen Salud ha acompañado la implementación de fichas clínicas electrónicas en hospitales y centros de salud de todo Chile. Esa experiencia la ha llevado a la convicción de que la tecnología, los datos y la inteligencia artificial sólo tienen verdadero sentido cuando ayudan a anticiparse a los riesgos, facilitan las decisiones clínicas y, sobre todo, liberan tiempo para fortalecer el encuentro humano entre los equipos de salud y las personas.. Esta mirada encontró una de sus expresiones más concretas con la reciente implementación del registro electrónico en el Hospital Hanga Roa de Rapa Nui.
Hay lugares donde digitalizar la salud significa mucho más que incorporar una nueva herramienta y por lo tanto es necesario entender cómo hacer que la tecnología entre en una comunidad sin alterar aquello que la hace única. Para Marcela Andía, enfermera-matrona y consultora clínica senior de Rayen Salud, esa es la pregunta que debe estar en el centro de cualquier proceso de transformación digital y que apunta al desafío de lograr que la tecnología esté al servicio de las personas y no que las personas tengan que adaptarse a ella.
Desde 2013, Andía ha trabajado en la implementación de fichas clínicas electrónicas en hospitales de baja, mediana y alta complejidad, además de centros de atención primaria a lo largo del país. Enfermera-matrona de formación, con especialización en gestión de calidad, informática en salud y administración sanitaria, hoy acompaña desde Rayen Salud algunos de los procesos de transformación digital más relevantes del sistema público, aportando su experiencia clínica para facilitar la adopción de estas herramientas por parte de los equipos de salud.
En ese recorrido ha podido observar cómo ha cambiado la conversación en torno a la tecnología sanitaria. Si antes el desafío estaba principalmente en digitalizar procesos y reemplazar el papel, hoy lo relevante es saber qué hacer con toda la información que esos sistemas generan y cómo convertirla en conocimiento que realmente ayude a cuidar mejor.
Desde esa perspectiva, Andía plantea que la inteligencia artificial y los modelos predictivos tienen un enorme potencial para identificar tempranamente riesgos de, por ejemplo, enfermedad renal crónica, eventos cardiovasculares, caídas, complicaciones asociadas a la diabetes o señales de alerta en salud mental.
El desafío, entonces, es incorporar tecnología para obtener información pertinente en el momento adecuado y que esta permita que el profesional concentre su atención donde realmente se necesita. “Nuestro anhelo es que en todo el sistema de salud, al ingresar a una ficha clínica electrónica, el profesional reciba alertas relevantes y contextualizadas sobre las prioridades reales del paciente. Este tipo de sistema no reemplaza el criterio clínico, sino que lo fortalece, ayudando a enfocar la atención donde más se necesita”, explica.
Es ahí donde, para Andía, la transformación digital deja de ser un asunto exclusivamente tecnológico y adquiere una dimensión humana. “Si logramos que la tecnología nos ayude a anticipar riesgos y liberar tiempo para el encuentro humano, estaremos avanzando hacia un modelo de atención más cercano, equitativo y centrado en las personas”, sostiene.
Desde Rayen Salud, empresa con más de 23 años de experiencia en transformación digital sanitaria, presente en más del 75% de los establecimientos públicos del país y con plataformas que conectan a más de 1.300 centros de salud, esa visión se traduce en un principio que Andía considera fundamental: “La tecnología debe adaptarse a las personas, a su historia y tradición, y no al revés”.
Para ella, la humanización del cuidado no es un concepto abstracto. Es la posibilidad concreta de que un equipo de salud pueda acceder a información clínica completa, oportuna y disponible cuando la necesita, pero también de que esa información permita recuperar algo tan esencial como el tiempo para escuchar, acompañar y comprender a quien está al otro lado.
“Entendemos la atención humanizada como aquella que pone a las personas en el centro del proceso de salud, garantizando una atención cercana, oportuna, equitativa y basada en información clínica de calidad”, afirma la consultora. “La tecnología -agrega- debe ser un facilitador que fortalezca el vínculo humano en la atención, tanto para pacientes como para los propios equipos clínicos”.
El cambio se construye con los equipos
Uno de los nudos más sensibles de cualquier transformación digital en salud es cómo lograr que los equipos clínicos adopten la tecnología sin que esta se convierta en una nueva barrera burocrática. Andía es categórica al respecto: “La empatía no se desarrolla únicamente a través de capacitaciones teóricas, sino también mediante procesos de acompañamiento que permitan a los equipos sentirse seguros, escuchados y parte activa del cambio”.
Por eso, explica, en Rayen Salud cada implementación se aborda con una fuerte orientación a la gestión del cambio, desde las etapas iniciales y durante todo el proceso de adopción del sistema.
Las llamadas mesas de trabajo colaborativas son, según describe, uno de los instrumentos más efectivos, “porque son espacios donde los equipos clínicos conocen en detalle el proyecto, resuelven dudas, expresan inquietudes y comprenden cómo la tecnología impactará en su práctica diaria. Estas instancias ayudan a disminuir la ansiedad natural que generan los cambios y permiten transparentar cada etapa de la implementación”, sostiene.
A ello se suma la co-creación junto a los usuarios clínicos —médicos, enfermeras, matronas y otros profesionales—, quienes participan activamente en la construcción y adaptación de los procesos. “Cuando los equipos sienten que sus necesidades y experiencias son consideradas, aumenta la adopción de la herramienta y el sentido de pertenencia respecto del proyecto”, señala.
La capacitación cumple también un rol fundamental en ese engranaje. Mientras mejor conozcan los profesionales las funcionalidades del sistema, más podrán aprovechar sus beneficios, acceder a información oportuna y optimizar sus procesos de atención, reduciendo la carga administrativa.
El objetivo final, remarca Andía, es “que la tecnología deje de ser una barrera y se convierta en una herramienta que favorezca una atención más cercana, personalizada y empática, de modo que los equipos de salud puedan concentrarse en la relación con el paciente, trascendiendo el simple cumplimiento de un protocolo clínico”.
Rapa Nui, el ejemplo que marca el rumbo con tecnología al servicio de la tradición
Si hay un caso que Andía elige para ilustrar lo que entiende por humanización en salud, es el del Hospital Hanga Roa, en Rapa Nui. Allí, Rayen Salud implementó recientemente la ficha clínica electrónica HIS Eloísa, dando un salto histórico para la isla en materia de salud digital, pero sin perder de vista una condición esencial: que la tecnología debía integrarse a una comunidad con una identidad cultural única.
“La atención en la isla está marcada por una identidad cultural única, basada en la cercanía, la confianza y el acompañamiento permanente a las personas a lo largo de todo su proceso de atención”, cuenta la consultora clínica de Rayen Salud.
“Muchos de los profesionales del recinto —agrega— están vinculados directamente a la comunidad y han construido un modelo de atención con un sello humano muy especial, que combina el respeto por las tradiciones locales con una atención integral y continua”.
Ese modelo incorpora el “Paparaou”, un box intercultural o espacio de medicina intercultural ubicado dentro del hospital, diseñado específicamente para la atención de los “Taote Rapa Nui”, los sabios o médicos tradicionales de la isla.
Para Andía, esa convivencia entre lo ancestral y una ficha clínica electrónica no es un detalle anecdótico: “Es una demostración concreta de que la innovación no tiene por qué borrar las particularidades de una comunidad; puede, por el contrario, convertirse en una herramienta para protegerlas y acompañarla… La tecnología debe adaptarse a las personas, a su historia y tradición, y no al revés”.
Este mismo principio también ha sido puesto a prueba en el Hospital de Futaleufú, donde los equipos clínicos lograron registrar digitalmente todas las atenciones de hospitalización desde el primer día de uso del sistema, mejorando la disponibilidad y calidad de la información clínica.
“Nuestras soluciones fueron concebidas por profesionales clínicos, con interfaces amigables e intuitivas que simplifican el registro de información”, subraya Andía. Ese diseño, agrega, permite a médicos, enfermeras, matronas y otros profesionales dedicar menos tiempo a tareas administrativas y más tiempo a escuchar, acompañar y cuidar a sus pacientes.
Rapa Nui y Futaleufú demuestran así que las transformaciones más exitosas no necesariamente son las que introducen la tecnología más sofisticada, sino aquellas capaces de comprender la realidad local, involucrar a los equipos de salud y adaptarse a las necesidades de cada comunidad.
Justamente esa experiencia es la que permite a Marcela Andía mirar hacia el próximo desafío de la salud chilena y latinoamericana. “Hay que avanzar -afirma- hacia una gestión del cuidado verdaderamente transversal y continua, capaz de acompañar a la persona a lo largo de todo su recorrido por el sistema de salud más allá del establecimiento o el profesional que la atienda. Mi visión es que los cuidados deben seguir al paciente de la misma forma en que hoy lo hace parte de su información clínica”.
