Santiago, 13 de octubre de 2026 – Durante la noche del 11 al 12 de octubre, atacantes manipularon remotamente los sistemas de refrigeración de diversas cadenas francesas, activando funciones de descongelamiento que dejaron equipos fuera de servicio y obligaron a retirar alimentos. Entre las empresas afectadas figuran Intermarché, Coopérative U, Carrefour Market, Monoprix y establecimientos de Leclerc, según la información recopilada por BleepingComputer.
El incidente tuvo consecuencias físicas inmediatas. Reuters informó que algunos equipos alcanzaron temperaturas de hasta 50 °C y que se registraron pérdidas de alimentos e incendios. Carrefour comunicó afectaciones en 80 supermercados, mientras Les Mousquetaires reportó aproximadamente 150 locales de Intermarché comprometidos. Thierry Cotillard, presidente de Intermarché, estimó que el impacto nacional podría alcanzar decenas de millones de euros, aunque todavía no existía un balance consolidado.
La respuesta de las cadenas incluyó retirar los productos de los equipos afectados. Un portavoz de Intermarché explicó a BleepingComputer que la compañía y Netto habían adoptado precauciones para sacar rápidamente los alimentos de las vitrinas que quedaron fuera de servicio. La medida refleja una dificultad central de este tipo de incidentes: recuperar el funcionamiento de un sistema informático no permite recuperar la mercancía cuya conservación se ha visto comprometida.
La Fiscalía de París abrió una investigación para identificar a las víctimas y establecer la relación entre el ataque, las pérdidas de alimentos y los incendios reportados. Dominique Schelcher, presidente de Coopérative U, también confirmó afectaciones en su red y expresó la gravedad de atacar equipos esenciales para conservar productos frescos y abastecer a la población.
El caso dirige la atención hacia los controladores conectados que administran la refrigeración. En una investigación publicada el 9 de agosto, el equipo Team82 de Claroty documentó vulnerabilidades en la plataforma Danfoss AK-SM 800A, utilizada para gestionar instalaciones de frío en supermercados, almacenes y otros entornos comerciales. Desde su interfaz web es posible supervisar circuitos, configurar temperaturas, revisar alarmas y realizar mantenimiento remoto.
Los investigadores identificaron fallas que podían permitir eludir la autenticación, ejecutar código y alterar la configuración del servicio web. Danfoss publicó actualizaciones para corregirlas. Estos antecedentes ayudan a comprender el riesgo de los equipos expuestos, pero no constituyen por sí solos una confirmación de la vulnerabilidad específica utilizada en el ataque a los supermercados franceses.
En paralelo, Ahold Delhaize, grupo internacional de supermercados con sede en Países Bajos y presencia en Europa y Estados Unidos, comunicó el 12 de octubre que enfrentaba un problema de seguridad dentro de su red. La compañía, que opera cadenas como Albert Heijn en Países Bajos y Delhaize en Bélgica, informó que sus equipos estaban evaluando y mitigando el incidente, incluyendo la desconexión preventiva de algunos sistemas. En su comunicado oficial precisó que las tiendas permanecían abiertas y atendiendo clientes.
La coincidencia temporal exige cautela: no se ha establecido una conexión entre ambos episodios. Ahold Delhaize señaló a Reuters que no había razones para vincular su incidente con los ataques en Francia.
Los ataques a supermercados europeos dejan una advertencia para América Latina: a medida que el comercio incorpora equipos conectados y sistemas de gestión remota, también necesita fortalecer la seguridad de la infraestructura que sostiene su operación. La refrigeración, el almacenamiento y la distribución de alimentos forman parte de esa dependencia tecnológica, por lo que incidentes similares podrían ocurrir en la región.
Para los supermercados latinoamericanos, proteger estos sistemas exige coordinar a las áreas de tecnología, operaciones y proveedores, controlar los accesos remotos y mantener los equipos actualizados. Lo ocurrido en Europa demuestra que un ciberataque puede traducirse en pérdida de alimentos, interrupciones del servicio y riesgos para el abastecimiento, con consecuencias que llegan directamente a los consumidores.
