- Por José Luis Salazar, director del Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos, USACH.
Por años, Chile trazó un camino de desarrollo que mejoró ingresos y oportunidades, pero ese dinamismo se ha debilitado. El debate económico no puede limitarse a la tasa de crecimiento del próximo año: el desafío es recuperar un crecimiento sostenido basado en productividad, inversión, innovación y mayor creación de valor.
Los indicadores son preocupantes. La OCDE advierte que el crecimiento potencial ha perdido fuerza y la productividad está estancada o ha retrocedido. Para 2026 proyecta un crecimiento del PIB de apenas 1,7%. El Banco Central estima una expansión tendencial de solo 1,9% anual hasta 2035, con un aporte de productividad de apenas 0,35 puntos porcentuales.
Una economía que crece en torno al 2% anual puede mantener estabilidad, pero difícilmente impulsará avances en productividad, inversión y bienestar. El desafío no es producir más de lo mismo, sino que transformar el ecosistema productivo, aprovechando nuestras ventajas competitivas. Y esas ventajas son relevantes. Chile tiene posición privilegiada en cobre y litio, excelentes recursos energéticos renovables y sectores consolidados en minería, alimentos, química y forestal.
Entre enero y julio de 2026, las exportaciones superaron los US$70.000 millones, creciendo 15%. La minería representó el 62% y la industria alimentaria alcanzó un récord de US$8.300 millones. Estas cifras muestran capacidad productiva, pero plantean una pregunta: ¿cuánto valor agregado podemos generar sobre los recursos que ya producimos competitivamente?
Chile no debe renunciar a su vocación minera, energética, forestal o agroalimentaria, debe sofisticarla. Hay que transitar de una economía que extrae y exporta a una que procesa, desarrolla tecnologías, optimiza procesos, recupera recursos y exporta conocimiento.
En este contexto, la industria de procesos químicos y bioprocesos es clave, porque detrás de las grandes oportunidades hay, justamente, ingeniería de procesos: hidrometalurgia del cobre, litio, hidrógeno verde y derivados, materiales avanzados, desalinización, captura de CO2, alimentos, biotecnología y valorización de residuos. El hidrógeno verde es un ejemplo. InvestChile estima inversiones por US$50 mil millones, pero la oportunidad real está en derivados como amoníaco, metanol o combustibles sintéticos, con tecnologías, infraestructura, logística e ingeniería nacional.
En minería, el salto no es producir más, sino que desarrollar tecnologías de separación, recuperar subproductos, optimizar agua y energía, producir materiales sofisticados e incorporar automatización e Inteligencia Artificial. La OCDE señala que la productividad y la innovación son indispensables.
Los bioprocesos transforman biomasa y residuos en biomateriales y biocombustibles. La economía circular pasa de ser una necesidad ambiental a una estrategia de competitividad.
El país debe decidir: administrar un crecimiento moderado o usar sus ventajas para un desarrollo basado en conocimiento. No hay que abandonar lo que nos hace competitivos, sino que hacer mucho más con ello. Para volver a crecer no basta producir más, hay que aprender a transformar mejor.


