- Por Christian Rodiek, CEO de FirmaVirtual.
Los recientes casos de suplantación de identidad en notarías del país exponen una dura realidad: en Chile, aún es posible firmar una escritura pública sin que el notario valide verdaderamente la identidad del firmante.
Este tipo de delitos no solo frustra a las víctimas, también indigna a quienes creemos en la fe pública y nos preocupamos de utilizar diversos métodos de verificación para garantizar que quien firma un documento sea efectivamente quien dice ser. Por eso, es momento de actuar con medidas concretas.
El sistema notarial puede y debe fortalecerse mediante la implementación de cambios que permitan cerrar las brechas que hoy facilitan la comisión de fraudes. Una de ellas es la verificación en línea con el Registro Civil. Actualmente, basta con exhibir la cédula de identidad en una notaría para firmar una escritura pública y, ante la inexistencia de un protocolo seguro que valide la autenticidad del documento, sus datos pueden ser adulterados para cometer un fraude sin que ello sea detectado.
En este sentido, una conexión segura con la base de datos del Registro Civil e Identificación permitiría reducir los riesgos prácticamente a cero, especialmente si se incorporan mecanismos biométricos para la verificación en línea de la identidad del firmante. No resulta razonable que quienes resguardan la fe pública deban operar sin acceso a herramientas de validación adecuadas.
En segundo lugar, exigir la presencia efectiva del notario también contribuiría a evitar los fraudes. La ley es clara: una escritura pública debe firmarse ante notario. Sin embargo, en la práctica, muchas veces son funcionarios auxiliares quienes recogen las firmas, mientras el notario aparece solo al final para estampar la suya y, muchas veces, ni siquiera interactúa con las personas que hacen el trámite.
El rol del notario o la notaria va más allá de la formalidad, pues opera como una garantía para todas las partes. Una escritura pública debe firmarse en presencia directa del ministro de fe o de un funcionario habilitado. Asimismo, la trazabilidad es clave y debe ser una prioridad, tal como sucede con quienes facilitamos la firma electrónica implementando capas de seguridad que impiden la comisión de delitos.
Una práctica que ha facilitado fraudes es que los comparecientes -o quienes actúan en su nombre- puedan escoger con qué notaría o funcionario harán el trámite. Esa predictibilidad ha abierto la puerta a la asociación ilícita. Por eso, como tercera medida de seguridad, la asignación de la notaría debiera darse de forma aleatoria. Así evitaríamos cualquier coordinación previa, garantizando la imparcialidad del proceso.
Chile necesita avanzar hacia un sistema notarial moderno, eficiente y seguro. Ese progreso se logra mediante la tecnología, la trazabilidad y el criterio profesional. No se trata de reemplazar a los notarios, sino de brindarles mejores herramientas. Frente a delitos cada vez más sofisticados, la verificación de identidad no puede depender únicamente de la fe.
