• Por Tomás Edwards Senior Coach de Scaling.

Para muchos gerentes generales, las vacaciones no se viven con descanso. Aunque estén agendadas, aparece una inquietud difícil de ignorar: ¿qué va a pasar con los resultados cuando no esté? ¿Se va a frenar el equipo? ¿Se van a tomar malas decisiones? ¿Voy a volver a apagar incendios?

Esta sensación es más común de lo que parece. Y suele revelar algo importante: que la organización aún depende demasiado del líder para funcionar bien.

He visto una y otra vez, que las vacaciones no son un problema en sí mismas. Al contrario: son una oportunidad única para desarrollar liderazgos dentro de la organización.

Patrick Lencioni, autor de The Five Dysfunctions of a Team, plantea que los equipos de alto desempeño se construyen sobre confianza, claridad y responsabilidad compartida. Cuando el líder se ausenta, esas bases quedan expuestas. Si esas bases no existen, la empresa se paraliza. Si sí están, el equipo crece.

Dar espacio durante las vacaciones no es “desentenderse”. Es dar confianza, permitir que otros tomen decisiones, se equivoquen, aprendan y se fortalezcan. Es una inversión que rinde mucho más que cualquier control excesivo.

El verdadero riesgo no es irse… es no tener hábitos

El problema no aparece porque el gerente se tome vacaciones. Aparece cuando no existen hábitos claros de seguimiento y accountability entre pares.

Jim Collins, en Good to Great, habla de organizaciones disciplinadas: no aquellas llenas de reglas, sino de equipos que saben qué les toca, cómo medirlo y con qué ritmo revisarlo. Cuando esos hábitos existen, la empresa avanza incluso cuando el líder no está presente.

En la práctica, esto se traduce en cosas muy concretas:

  • Prioridades claras y visibles.
  • Ritmos de reuniones simples, pero constantes.
  • Indicadores que el equipo entiende y sigue.
  • Responsables definidos, sin ambigüedad.

Cuando estos elementos están instalados, la organización no depende de una persona, sino de un sistema. De ese modo, descansar tranquilo es una señal de que vas por buen camino

Los líderes que logran desconectarse de verdad en vacaciones no lo hacen porque “todo esté perfecto”, sino porque confían en el equipo y en el sistema que han construido juntos.

Y muchas veces vuelven encontrándose con algo mejor: personas más empoderadas, decisiones tomadas a tiempo y aprendizajes que no habrían ocurrido con el líder siempre presente.

Las vacaciones, bien trabajadas, no bajan el ritmo. Lo hacen más sostenible.

Si hoy sientes que no puedes irte tranquilo, puede ser una invitación a revisar cómo funciona tu equipo cuando tú no estás. Y eso, sin duda, se puede trabajar.

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