• El avance de los pagos digitales obliga a fintech y bancos a reforzar sus defensas frente a fraudes más rápidos, personalizados y difíciles de detectar. La Inteligencia Artificial se consolida como la herramienta clave para proteger datos y devolver la confianza al sector financiero.

Nacional, 26 agosto de 2026. — ¿Alguna vez te has preguntado cuántas veces al día viaja tu información personal por el entorno digital? Desde pagar el café de la mañana con el celular hasta autorizar una transferencia empresarial, nuestros datos circulan constantemente por la red. Pero lo que preocupa hoy es que esta inmediatez cotidiana convive con una amenaza persistente y visible cuando, por ejemplo, recibes un mensaje que parece provenir de tu banco, una llamada que solicita validar una operación o un correo que anuncia un supuesto beneficio. En muchos casos, estas comunicaciones buscan obtener claves, datos personales o autorización para realizar transacciones. El ciberdelito no descansa y evoluciona a la velocidad del algoritmo, valiéndose de la suplantación de identidad y esquemas de estafa cada vez más difíciles de detectar a simple vista.

El vertiginoso avance de la Inteligencia Artificial generativa ha transformado radicalmente el panorama de la ciberseguridad global, dando paso a una nueva era de fraudes caracterizados por la hiperpersonalización y la automatización. Hoy, los ciberdelincuentes utilizan sofisticadas herramientas basadas en IA para crear deepfakes de audio y video con una precisión hiperrealista, o para automatizar campañas masivas de phishing adaptadas al contexto y lenguaje de sus víctimas. Esta ingeniería social de última generación permite vulnerar barreras tradicionales, suplantar identidades de manera indistinguible a simple vista y ejecutar ataques a una velocidad y escala sin precedentes, desafiando las infraestructuras de seguridad corporativas y financieras en todo el mundo.

El crecimiento exponencial de la inclusión financiera digital en Chile ha elevado la exposición a este tipo de incidentes, motivando la alerta temprana de los organismos reguladores. En este contexto, el propio Banco Central ha advertido explícitamente sobre el riesgo de la desinformación y las estafas mediante el uso de videos generados con Inteligencia Artificial para suplantar a sus autoridades, instando a la ciudadanía a verificar siempre los canales oficiales. Este escenario confirma que el fraude impulsado por IA no es un riesgo teórico, es un desafío cotidiano y urgente en el debate público nacional.

Según el Informe de Sistemas de Pago del Banco Central, durante el primer semestre de 2026 las denuncias por operaciones fraudulentas digitales alcanzaron cifras preocupantes, registrando cerca de US$98 millones en pérdidas solo en el sector bancario. Las cifras dejan claro que el riesgo escala al mismo ritmo que la innovación financiera y deja una pregunta sobre la mesa: ¿puede un sistema financiero avanzar a toda velocidad si sus mecanismos de confianza no evolucionan al mismo ritmo?

El escudo de las Fintech: Convertir la amenaza en protección

La Inteligencia Artificial ha elevado la sofisticación de esas maniobras, pero también ofrece nuevas herramientas para prevenirlas. En este contexto, es pertinente favorecer una perspectiva más avanzada, que pase de la detección del fraude a la anticipación: identificar señales débiles, correlacionarlas y actuar antes de que el ataque se materialice. Actuar sobre esta base es una prioridad económica de primer orden. En Chile, el escenario refleja tanto desafíos urgentes como oportunidades de consolidación.

¿Cómo logran las empresas tecnofinancieras resguardar a sus clientes en un ecosistema donde la velocidad es la regla? La respuesta está en la capacidad de anticipación. Las Fintechs no solo utilizan modelos predictivos para otorgar créditos o recomendar inversiones, sino que han integrado la Inteligencia Artificial como un guardián silencioso que analiza patrones de conducta en milisegundos. Si un usuario realiza habitualmente sus compras en Santiago y, de pronto, se registra un intento de transacción atípico al otro lado del mundo, el sistema alerta y frena el evento antes de que se consume el daño.

Sin embargo, el reto trasciende el simple bloqueo de operaciones dudosas: la clave radica en cómo gestionar datos altamente confidenciales sin vulnerar la privacidad de las personas. En este contexto, la biometría avanzada, el cifrado end-to-end y los algoritmos de aprendizaje profundo permiten validar que quien está detrás de la pantalla sea efectivamente el titular, diferenciando en tiempo real entre un ser humano real y una suplantación sintética creada mediante IA generativa. También es importante que los controles sean proporcionales: una operación cotidiana no debería convertirse en un laberinto, pero una transacción inusual sí debe activar una validación adicional.

La pregunta dejó de ser si una persona sabe reconocer un correo o un video sospechoso. Ahora también importa si una organización puede analizar, en segundos, cientos de señales antes de aprobar una operación.   Una transferencia fuera del horario habitual, desde un dispositivo desconocido y hacia una cuenta nueva puede parecer una operación normal si se observa de manera aislada. Sin embargo, al cruzarla con la ubicación, la frecuencia de uso, el historial del cliente y el comportamiento de navegación, el sistema puede detectar una combinación inusual. Esa es una de las principales ventajas de la IA: no reemplaza el criterio de seguridad, pero ayuda a encontrar patrones que serían difíciles de identificar manualmente.

Así, la tecnología no suplanta el criterio humano, sino que lo potencia. El objetivo final de la industria Fintech no es solo erradicar el riesgo a cero —algo técnicamente imposible en la era digital—, sino sembrar un estándar de confianza transparente donde el usuario se sienta respaldado sin perder la fluidez y comodidad que busca en los servicios digitales modernos.

El punto vulnerable no siempre está dentro del banco, sino también en el dispositivo, la conexión o el comportamiento de quien realiza la operación, especialmente ante la amenaza creciente del fraude impulsado por IA generativa, deepfakes y ataques cada vez más automatizados. “En este escenario, la clonación hiperrealista de voz, las falsificaciones en video y las tácticas de ingeniería social automatizadas logran engañar tanto a la biometría tradicional como al propio usuario en tiempo real” señala Natal da Silva. Al ser una solución en la nube, centraliza e intercambia datos de fraude entre bancos para agilizar el diagnóstico, reducir falsos positivos y evitar que una sospecha termine bloqueando innecesariamente una transacción legítima.

Confianza digital: activo valioso

Proteger el ecosistema financiero en tiempos de IA va mucho más allá de levantar barreras técnicas o instalar parches de ciberseguridad. Significa entender que la confianza digital es el activo más valioso de la economía moderna. En la medida en que las empresas financieras unan fuerzas con aliados estratégicos y ubiquen la transparencia en el centro de su innovación, Chile no solo logrará frenar el avance del fraude, sino que liderará la construcción de un entorno digital inclusivo, sólido y verdaderamente seguro para todos.

El futuro financiero no se definirá solo por la rapidez de una transferencia, sino por la tranquilidad con que una persona pueda realizarla. Cada dato protegido, cada alerta oportuna y cada operación validada refuerzan una certeza esencial: en la economía digital, la confianza no es un detalle técnico, es el verdadero capital que mantiene abierto el sistema.

Fuente. Stefanini

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