La Comisión de Salud del Senado sesionó en Espacio Riesco durante APS Expo 2026, abordando las capacidades que necesita la atención primaria. José Fernández, CEO de Rayen Salud, puso énfasis en el diseño del sistema y los riesgos asociados a la información sanitaria.
Fortalecer la Atención Primaria de Salud (APS) exige conectar recursos, equipos profesionales, gestión y tecnología. Esa relación estuvo en el centro de la sesión realizada durante el encuentro, con la participación de los senadores Juan Luis Castro, Sergio Gahona y Enrique Lee, junto con representantes municipales, académicos y trabajadores. La discusión permite observar un desafío transversal: cómo convertir las capacidades disponibles en una atención más oportuna, cercana y continua para las personas.
El financiamiento constituye una dimensión esencial, pero su análisis requiere considerar las condiciones en que funcionan los establecimientos. Atender a una comunidad supone organizar equipos, sostener infraestructura y responder a necesidades que pueden variar según el territorio. Por ello, evaluar los recursos implica también preguntarse qué servicios deben garantizarse y qué herramientas necesitan quienes los entregan.
Maximiliano Luksic, presidente de la Comisión de Salud de la Asociación Chilena de Municipalidades, pidió incorporar criterios territoriales, seguridad e innovación al financiamiento. Gabriela Flores, presidenta de la CONFUSAM, advirtió un “déficit estructural del per cápita” y propuso elevarlo a $16.000 en tres años.
Ambas intervenciones abren una discusión sobre sostenibilidad. Los establecimientos necesitan responder a la demanda cotidiana y proyectar capacidades futuras. Esto exige relacionar presupuesto, dotación y objetivos asistenciales. La innovación, en ese contexto, puede aportar cuando se vincula con necesidades concretas, como facilitar el seguimiento de pacientes, mejorar la coordinación o reducir tareas administrativas.
José Fernández, CEO de Rayen Salud, amplió la discusión hacia la organización del sistema. “Los errores son por la falta de diseño”, afirmó, incorporando el riesgo clínico y los ciberataques a datos sanitarios entre las preocupaciones de la APS.
Su planteamiento sitúa la gestión como un componente central del fortalecimiento de la atención primaria. Desde esa perspectiva, disponer de recursos y soluciones tecnológicas exige definir previamente cómo se utilizarán, qué responsabilidades tendrá cada equipo y cómo circulará la información necesaria para atender. El diseño adquiere valor cuando permite conectar esas decisiones con el trabajo cotidiano de los establecimientos.
La dimensión digital de esta discusión merece especial atención. Una herramienta puede facilitar el acceso a antecedentes clínicos o apoyar la coordinación, pero su utilidad depende de que se integre a procesos claros. Para evaluar su aporte, resulta relevante observar si ayuda a los profesionales a tomar decisiones y si mejora la continuidad de la atención.
El énfasis de Fernández en los riesgos sanitarios también permite vincular ciberseguridad y gestión clínica. Proteger la información requiere examinar quién accede a ella, con qué propósito y bajo qué condiciones. A ello se suma la necesidad de mantener disponibles los sistemas que respaldan el trabajo asistencial. Estas responsabilidades demandan coordinación entre directivos, equipos clínicos y responsables tecnológicos.
Ernesto Vega, decano de Medicina y Salud de la Universidad Finis Terrae, destacó la formación y permanencia de profesionales en la APS, junto con la necesidad de “atender y escuchar”.
Ese enfoque incorpora una dimensión fundamental de la calidad asistencial: el tiempo y las condiciones para construir una relación con el paciente. Escuchar, explicar indicaciones y acompañar un tratamiento requieren habilidades profesionales y una organización que facilite esas tareas. La formación en atención primaria puede conectar el aprendizaje con las necesidades de las comunidades, siempre que docencia y atención se articulen adecuadamente.
Juan Luis Castro, presidente de la comisión, abordó la capacidad resolutiva y el financiamiento. Sergio Gahona propuso un modelo que “financie responsabilidades”.
Fortalecer la capacidad de resolución supone definir qué necesidades puede abordar cada establecimiento y cómo se conecta con los demás niveles. La derivación debe mantener un vínculo efectivo entre equipos, de modo que el paciente comprenda los pasos siguientes y conserve su seguimiento. Definir responsabilidades también implica establecer objetivos y condiciones para cumplirlos.
Enrique Lee puso el foco en la protección de información clínica y la receta electrónica. La sesión contó además con la intervención del subsecretario de Redes Asistenciales, Julio Montt.
La digitalización exige resguardar la confianza de las personas. Cada avance debe considerar el uso adecuado de los antecedentes y su protección durante la atención. Esa tarea necesita integrarse a las decisiones de gestión y a las prácticas de los equipos.
El debate deja una agenda que conecta financiamiento, formación, capacidad resolutiva y seguridad. Su traducción a la experiencia de los pacientes dependerá de cómo se articulen esas dimensiones. En ese esfuerzo, la mirada sobre diseño y riesgos planteada por Fernández ofrece un punto relevante: fortalecer la APS requiere organizar sus capacidades para que recursos, personas y tecnología contribuyan a una atención más confiable.


